sábado, 28 de noviembre de 2009

Michelle Thompson sufre el síndrome de excitación sexual persistente.

ESTA JOVEN DE LA FOTO TIENE UNA “COSA”  A LA QUE SIEMPRE SE LE HA LLAMADO “CHOCHO CALIENTE” “CHOCHO LOCO” Y COSAS SIMILARES; AHORA QUE TODOS SOMOS MÁS MODELNOS Y SABEMOS LA HOSTIA DE TODO SE LE LLAMA “síndrome de excitación sexual persistente”
 QUE ANTES ERA  EL ANTIGUO Y CERTERO PALABRO DEDICADO A LA “FOGOSIDAD DE  ALMEJA” Cosas de la cultura y tal.
Durante años Michelle Thompson hubiera dado lo que fuera por bajar de los 300 ORGASMOS AL DÍA. O eso dice EL MUNDO DIGITAL que dice la tal Michelle. Por cierto ¿COMO COJONES SE CUENTAN LOS ORGASMOS PARA SABER QUE SON 300? No 171 o 311 sino 300, cagonlamáh, que precisión.

 Lo de Michelle no es un vicio sino una enfermedad poco frecuente (que ya lo estoy diciendo yo pijo, que eso es una enfermedad de esta paya y nunca un vicio) Esta enfermedad llamada síndrome de excitación sexual persistente que hace fluir más sangre de la debida hacia los órganos genitales proporcionando un calor picajoso en pleno centro del Chichi y que hace que se le ponga como un torrezno chamuscao perdío.

Durante años ha intentado buscar una cura para su trastorno. “NA, POR MUCHOS RESTREGONES QUE ME PEGARA, MI ENFERMEDAD IBA A PEOR” dice una vecina que confesó desolada la pobre Michelle

Hasta ahora Michelle había sobrellevado su trastorno entre la alegría y la desolación. Alegría por el trajín repentino y constante que le late en la entrepierna. Pero siempre mosqueada  por no poder encontrar un hombre que la calmara.


“LOS TÍOS NO VALEN UNA MIERDA, A LOS TRES DÍAS SE ME ESCAPAN LOS MUY COBARDES” dicen que  Michelle decía entre sollozos.

Pero ya no llora de pena, ahora no porque precisamente se ha liado con Andrew, un vecino divorciado capaz de satisfacer su voracidad.
Michelle y Andrew, se conocían desde siempre, se cruzaban y no se hacían ni puto caso, pero ah… la vida ha cambiado para los dos desde que el la ayudó a meter una botella butano en la cocina de Michelle, y allí el la vio sufrir con su enfermedad, pues en los tres minutos que tardó el en meterle la botella hasta la cocina, a la paya le dieron tres ataques de su enfermedad esta tan mala, al agacharse ella delante de el a coger el butano, al payo se le puso un deste en la garganta que pa que, de la pena y eso que pa que otra vez…
Total… yo que se.
Los hombres se cansaban de ella titula el periódico... joer, digo yo...

"Todos acababan cansados de mí", dijo Michelle " cuando me estaba quitando las ansias de las 9,14, se lo dije a Andrew, se rió y me dijo que él acabaría  por apagarme el horno que llevo en las ingles".

Dicho y hecho: Michelle y Andrew viven en la misma calle pero en casas distintas y de vez en cuando cruzan de acera para abandonarse a los placeres del dulce meneo. "Yo podría hacerlo las 24 horas del día y él también, normalmente cruzo la calle hasta su casa para tener sexo. Y lo hacemos al menos 10 veces al día", dice.

OJO, QUE ESTO ESTÁ COPIADO TAL CUAL DEL PERIODICO

La pobre enferma Michelle y tal, tuvo que dejar su empleo en una fábrica de galletas porque el ruido de las máquinas le provocaba orgasmos continuos.
Por su cama han pasado muchos hombres, pero no porque sea un putón sino por lo de su enfermedad. El primero aguantó sólo unos meses, incapaz de seguirle el paso. Hubo uno que aguantó cinco años pero también tiró la toalla. "Cuando rompimos, estaba exhausto, era un hombre derrotado", se lo llevaron en una botella, dice ella orgullosa de su desto.

Andrew,  trabaja como limpiador en una empresa cercana  “ME HACE UNAS LIMPIEZAS QUE TE CAGAS, ES UN MOSTRU DE TÍO, FEO, PERO CUMPLIDOR” dice Michelle.